viernes, 8 de abril de 2011

Lo que dejamos en el camino






Vamos por esta vida recorriendo caminos que se entrecruzan o siguen rectos. Caminos que suben y bajan.
Caminos como autopistas o como pequeños senderos. Y por cada paso que damos vamos dejando huellas. Huellas que ningún viento se lleva, que perduran, que se imprimen.
Nada de lo que nos rodea permanece indiferente a nuestro paso. Para bien o para mal. Para gloria o decepción.
Y ésta es la vida: caminar transformando el camino.
Pensar en la trascendencia de nuestras acciones, en la permanencia de nuestros gestos nos puede llevar a ser más responsables y comprometidos.
Jugárnosla por lo que deseamos, por lo que soñamos, por lo que queremos, es una forma de prolongar nuestra presencia más allá del tiempo de duración de nuestra travesía por este camino, de curso impredecible, pero final conocido.
Nuestro equipaje puede ser liviano y llevadero, o a veces doblarnos la espalda; todo está en saber tener el alma fuerte para no darnos por vencidos.
Saber pedir ayuda y poder hacerlo, sin temor al rechazo, pero con la posibilidad de retribuir lo que nos dan.
El final del camino puede estar a la vuelta de la próxima curva, la plenitud será tener las manos llenas de amor y el corazón lleno de los afectos que fuimos cargando en el viaje.