viernes, 5 de octubre de 2012

El otoño de la naturaleza y el otoño de la vida





 Hablar del otoño es hablar de hojas muertas, de plantas sin flores, de cielos nublados, de árboles sin nidos, de anocheceres tempranos… Hablar del otoño de la vida, es también hablar de años pasados, de fuerzas limitadas, de añoranzas del pasado, de decadencia de la memoria…
Pero hablar de uno y de otro es, también, huir de los calores del verano, del fuego acalorado de la juventud, y de la monotonía de la adultez. Cada estación meteorológica, cada etapa de la vida, tiene su riqueza, su encanto, su momento.
El otoño sigue al verano, la tercera edad sigue a la madurez; el otoño precede y prepara el invierno, regando la tierra reseca con el agua beneficiosa que esponja el terreno y anuncia el buen tempero. La tercera edad, prepara también el tempero para recoger los frutos que a lo largo de la vida han ido germinando.
Se dice con frecuencia, que la vejez (llamémosla por su nombre) es un punto final, tras un párrafo más o menos corto. Pero yo diría más bien, que se trata de un punto y seguido. Porque la vida sigue, porque se vive mucho de recuerdos, de retazos de vida, de experiencias logradas en las múltiples batallas de etapas anteriores.
No es lo mismo la añoranza que el recuerdo. La añoranza paraliza, resta ilusión al presente, desconecta de la realidad. El recuerdo, por el contrario, espolea para superarse, alienta el caminar con serenidad, retiene lo agradable del pasado, estimula el presente.
La tercera edad, la vejez, es el fruto que germina en la primavera, que madura en el verano y que, al contrario de las estaciones, da el fruto maduro en el invierno de la vida. Es el tiempo de la recolección.
Llegar a esa etapa es una suerte, porque significa haber agotado todas las etapas de la vida. La vejez es el presente de algunos… y el futuro de todos.
Sófocles decía que  “los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo”. Y creo que no le falta razón, ya que son los que mejor la conocen, los que más la han vivido, y los que sienten que poco a poco se les escapa.
Y alguien ha dicho, y tampoco le falta razón, que: ”Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo”. Me pregunto por qué será. Y pienso que la tercera edad está tan aparcada en la sociedad, que nadie quiere vivir esa soledad. También es verdad que junto a muchas ventajas, están otras muchas desventajas o carencias en la vejez.
 Hay una frase de nuestro gran escritor, Pío Baroja, que dice: “Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer”.
Quiere volver a gustar lo vivido, más que tener nuevas experiencias. Son tantas las experiencias acumuladas y tanto lo vivido, que no se