martes, 21 de febrero de 2012

Cine-Anthony Quinn


Anthony Quinn en La strada (1954)



En Los cañones del Navarone (1961)
y Lawrence de Arabia (1962)



(Seudónimo de Anthony Rudolf Oaxaca; Chihuahua, México, 1915 - Boston, 2001) Actor de cine estadounidense. De padre de origen irlandés y madre mexicana, desde muy pequeño vivió en varios lugares de California. Tuvo que empezar a trabajar pronto, al tiempo que asistía a clase en el colegio Belvedere Junior Hight. La necesidad le llevó a aprender todo tipo de oficios, que desempeñó a lo largo de varios años (vendedor de periódicos, camarero, camionero, boxeador…).
El teatro le interesó desde joven: asistió a la escuela de Katherine Hamil y con veintiún años debutó en el Hollytown Theatre de Los Angeles. No obstante, circunstancias diversas le obligaron a mirar hacia el cine, medio en el que comenzó a aparecer en labores de "extra" en películas como La vía láctea, de Leo McCarey y Los buitres del presidio, de Louis Friedlander, ambas de 1936.
Sus condiciones y rasgos físicos le condicionaron para interpretar papeles muy característicos (bucanero, sex-symbol, gángster o soldado y, con el tiempo, representante de todo tipo de pueblos: indio, mestizo, esquimal, árabe y ruso) que le permitieron, no obstante, alcanzar la seguridad que todo actor necesita.
Sus primeras intervenciones le abrieron lentamente la puerta (siempre con pequeños papeles) en películas de más renombre dirigidas por Mitchell Leisen (Comenzó en el trópico, 1937) y Cecil B. de Mille (Búfalo Bill, 1936; Corsarios de Florida, 1937; Unión Pacífico, 1939), en las que supo demostrar que podía interpretar papeles con más texto. En esta época, en la que trabajó especialmente para la Paramount, se casó con la hija de De Mille, Katherine, decisión que, lejos de ayudarle para progresar más rápidamente en la pantalla, le acarreó algunos inconvenientes.
En los primeros años cuarenta se trasladó a la Warner, estudio que le proporcionó papeles más interesantes, y comenzó a labrarse una relación con actores y actrices de renombre. Ciudad de conquista (1940), de Anatole Litvak, Sangre y arena (1940), de Rouben Mamoulian y Murieron con las botas puestas (1941), de Raoul Walsh, fueron algunos de sus títulos. Se paseó por otros estudios como Paramount, 20th Century-Fox y RKO, en todo tipo de comedias, aventuras, musicales, westerns… y destacó especialmente su participación en Incidente en Ox-Bow (1943), de William A. Wellman.
Al tiempo que obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1947, regresó al teatro para interpretar en Broadway The Gentleman from Athens y, sobre todo, Un tranvía llamado Deseo, en el papel de Stanley Kowalski, en sustitución de Marlon Brando. Al éxito teatral se unió rápidamente el cinematográfico, pues ya le ofrecieron papeles más interesantes como el de Eufemio Zapata, hermano del líder campesino que interpretó Brando, en ¡Viva Zapata! (1952) de Elia Kazan, por el que recibió su primer Oscar de la Academia.
De su incursión en Italia surgió otro sonado éxito por el complejo papel de Zampanó en La strada (1954), de Federico Fellini, que alcanzó más notoriedad tras el Oscar que recibió la película. De nuevo en Hollywood, su papel de Gauguin, el amigo de Van Gogh en la película El loco del pelo rojo (1956), de Vincente Minnelli, le sirvió en bandeja su segundo Oscar al Mejor Actor Secundario.
Se mantuvo artísticamente entre Estados Unidos y Europa, con una prolífica trayectoria que, sin duda, le perjudicó a la hora de elegir mejor sus papeles. No obstante, estuvo siempre entre los repartos más interesantes de los años sesenta y alcanzó una excelente notoriedad por sus intervenciones en Los cañones del Navarone (1961), de J. Lee Thompson, Barrabás (1961), de Richard Fleischer, Lawrence de Arabia (1962), de David Lean, y, especialmente, Zorba el griego (1964), de Michael Cacoyannis, con la que obtuvo una nueva nominación al Oscar. En estos años se casó con Iolanda Addolori, a la que había conocido en el rodaje de Barrabás.
Su estrella continuó brillando en las décadas siguientes para confirmar la grandeza de un actor capaz de adoptar mil y una caracterizaciones y estar siempre a la altura de las exigencias del guión. Su popularidad estuvo siempre por encima de la rentabilidad de muchas de sus películas como Las sandalias del pescador (1968), de Michael Anderson, La herencia Ferramonti (1975), de Mauro Bolognini, Los hijos de Sánchez (1978), El león del desierto (1979), de Moustapha Akkad, Valentina (1982), de Antonio J. Betancor, Fiebre salvaje (1991), de Spike Lee y así, hasta sus últimas apariciones en la gran pantalla.
En televisión tuvo una notable presencia en numerosos programas desde su primera intervención en un episodio de la serie “Philco Playhouse” (1949). Pasó por “Schlitz Playhouse of Stars”(1951-55), “The Ed Sullivan Show” (1963), las series “La ciudad” y “El hombre y la ciudad” (ambas de 1971) y “The Mike Douglas Show” (1971), entre otros productos de consumo televisivo. Dirigió sólo una película: Los bucaneros (1958), de escaso éxito. Cultivó la pintura y escultura en sus últimos años de vida, en los que permaneció unido a la que fue su secretaria particular, Kathy Benvy.