lunes, 29 de agosto de 2011

Señora


¡Quién pudiera, señora, quién pudiera
tener de tu perfume el fresco aroma,
y volar junto a ti como paloma
en busca de la eterna primavera!

¡Cuánto diera, señora, cuánto diera
por tus manos tomadas de las mías,
y poderlas besar todos los días
al despuntar el alba, cuánto diera!

Pero sé que jamás podré besarte
y entonces me resigno a no desearte,
porque tienes un halo de misterio

e infundes con tu porte, tal respeto...
que por eso contigo no me meto,
entiendo, no le vas al adulterio.

Además, me consideras hombre serio.

¡Oh, dulce tentación, bello secreto!

viernes, 12 de agosto de 2011

El canto del gallo




Pedro Madruga era hijo bastardo del señor de Sotomayor. La oportuna muerte de su hermanastro le hizo heredar título. Será el destructor de los Irmandiños, y uno de los más poderosos nobles de la Galicia de su tiempo. Se hizo famoso por su ingenio y sus pocos escrúpulos. Como muestra un botón:

Enfrentado con los Sarmiento por el control de la villa de Ribadavia, ambos señores acordaron que cuando cantara el gallo saldrían con sus huestes de sus castillos, y allí donde se encontraran marcarían la frontera de sus dominios.

Don Pedro ordenó por la noche que le retorciera el cuello a un gallo hasta que éste, protestando, "cantara". Los de Sarmiento esperaron al alba, y cuando cantó su gallo y abrieron las puertas de su castillo... se encontraron a la hueste de Pedro Madruga delante de ellos!!!

martes, 9 de agosto de 2011

BLANCA ROSA



Era un ángel del cielo, dulce cual miel de abejas,
ningún toque faltaba a su fresca hermosura;
no tenía sufrimientos ni amarguras ni quejas
y su andar era un canto de agraciada figura.

Deseaban sus amores ardientes corazones,
muchas bocas guardaban un beso contenido;
entre todos los hombres despertaba pasiones
y era como una rosa que nunca se ha cogido.

Era única entre todas las flores que brindaron
en verde primavera, sus pétalos brillantes;
sus aromas al viento sutilmente volaron
y cayeron serenos en labios anhelantes.

La belleza y ella unidas por el lazo
de inocentes miradas y risas candorosas;
era frágil muñeca que en virginal regazo
soñaba las caricias de manos amorosas.

Pero quiso el destino, quien todo lo consume,
que aquella mariposa de alitas delicadas
perdiera su donaire, su gracia y su perfume,
dejando tristemente sus cuitas olvidadas.

Sin un adiós siquiera, sin una despedida,
se fue la blanca rosa, la de los labios puros,
quedándose por siempre en su lecho dormida
entre amargos lamentos y silentes conjuros...
Que signaron la ruta de su fatal partida.

¡Se fue la blanca rosa, la de los labios puros!